
La mamitis bovina es uno de los principales problemas de las explotaciones lecheras por las pérdidas económicas que causa, debidas a reducción de la producción de leche, descartes de leche, sanciones, costes de tratamientos, medidas preventivas, compromiso del bienestar animal, etc.
Definición de la mamitis bovina y repercusiones para las explotaciones lecheras
La mamitis se define como la reducción de la actividad de síntesis de leche por parte de la glándula mamaria de la vaca, debida a una inflamación de sus tejidos que está provocada por una infección, generalmente bacteriana.
Esta alteración de la capacidad de la ubre para producir leche se traduce en una reducción en el volumen de leche y cambios en la composición de sus componentes, así como sus propiedades fisicoquímicas (pH, densidad y conductividad). Esto altera su valor nutricional, su idoneidad para el consumo y el procesado industrial. La mamitis induce cambios en la distribución de las proteínas, porque aumentan las proteínas del suero lácteo frente a la caseína que disminuye, la proporción de grasa y lactosa se reduce, y se modifica la concentración de minerales, principalmente reduciendo el calcio.
Las pérdidas económicas debidas a la mamitis se deben a la pérdida de producción de leche, la retirada prematura de vacas y novillas de los lotes productivos, la pérdida de calidad de la leche o falta de aptitud para el consumo, costes de prevención y tratamientos, y muertes de vacas afectadas. Se ha estimado que la mamitis puede llegar a costar a la industria láctea europea hasta 198 millones de euros por año.
Además, la mamitis se considera un problema fundamental de bienestar animal. Supone un fuerte impacto físico, metabólico y emocional para la vaca cuando se trata de variedades de mamitis clínica con afectación local en la glándula mamaria, o incluso sistémica. Estas vacas afectadas se quedan apáticas, con menor actividad, menos brillo y apetito, lo que afecta a su productividad además de la propia infección, y compromete su futuro productivo.
Etiología o causas de la mamitis en vacas de leche
Las principales infecciones de la ubre se deben a bacterias como Escherichia coli,Staphylococcusaureus, Streptococcus uberis, Streptococcus agalactiae y Streptococcus dysgalactiae, así como por estafilococos coagulasa negativos. Otros patógenos menos frecuentes, pero que también provocan casos graves de mamitis en las vacas, son Arcanobacteriumpyogenes (causante de la llamada «mamitis de verano», que se transmite por moscas), Mycoplasma spp., o Streptococcus pyogenes.
Según la forma de transmisión de la mamitis, su forma, su evolución o las repercusiones que tiene en la granja, de forma tradicional se ha clasificado como contagiosa o ambiental. La mamitis contagiosa es aquella que se transmite desde una vaca infectada a otra sana, principalmente durante la rutina de ordeño por contacto con manos, equipos o utensilios contaminados. Las especies bacterianas implicadas suelen ser S. aureus y S. agalactiae. Se considera mamitis ambiental aquella que se transmite a través de material contaminado que es más frecuente en el ambiente donde permanece la vaca, como el material donde se tumba a descansar, el exceso de suciedad que recubre la piel de los pezones o el agua contaminada que la salpica, y las bacterias penetran en la ubre entre ordeños, cuando el esfínter del pezón aún está abierto. Entre las especies bacterianas más frecuentemente asociadas a la mamitis ambiental se encuentra Escherichia coli.
Según los síntomas en la ubre, la mamitis bovina se clasifica como clínica, que es aquella que provoca síntomas aparentes (alteraciones de la leche con grumos o cambios de color, inflamación de toda la ubre o solo de los cuarterones afectados, o afectación general de la vaca), o subclínica, si no hay síntomas evidentes y las alteraciones se detectan mediante una elevación del recuento de células somáticas o mediante la detección de bacterias.
En cualquier caso, lo más habitual es que las mamitis que se observan en las explotaciones sean multifactoriales, con infecciones de todos los tipos que se deben abordar de forma personalizada y colectiva como rebaño.
Medidas de prevención de la mamitis bovina
La prevención es el pilar fundamental para el manejo de la mamitis en el vacuno de leche. Una prevención eficaz debe tener un enfoque integral, abordando las medidas de higiene del ordeño, la limpieza y desinfección exhaustivas, un diseño correcto de las instalaciones, la selección genética, la alimentación, las estrategias sanitarias del rebaño, el control de moscas, la bioseguridad, etc.
El tratamiento de la mamitis ha constado tradicionalmente de la aplicación de antibióticos intramamarios o parenterales, por lo que en las últimas décadas se ha trabajado intensamente en el desarrollo de estrategias preventivas adicionales que permitan disminuir el consumo de antimicrobianos.
Entre estas estrategias se encuentran el empleo de baños de pezones, selladores intramamarios, suplementos nutricionales, probióticos, fitoterapia, péptidos antimicrobianos y bacteriófagos, aunque en las últimas décadas la vacunación ha ganado especial protagonismo.
Eficacia de la vacunación en la prevención de la mamitis bovina
La vacunación frente a la mamitis bovina permite reducir la incidencia, la gravedad de los casos clínicos, la tasa de eliminación de vacas infectadas y, por tanto, el uso de antimicrobianos. Se han desarrollado vacunas frente a patógenos causantes de mamitis clínica y subclínica como E. coli, S. aureus o Streptococcus spp., con diferentes niveles descritos de eficacia a lo largo del tiempo.
El desarrollo de vacunas frente a la mamitis bovina ha supuesto entender mejor los mecanismos de funcionamiento local del sistema inmunitario de la ubre para buscar una eficacia óptima.
Las vacunas frente a S. aureus están compuestas por bacterias completas (vacunas autólogas) o por subunidades, que solo inyectan componentes moleculares específicos que provocan la respuesta del sistema inmunitario sin riesgo de causar infección (vacunas de proteínas recombinantes y extractos de la pared bacteriana). Ambos tipos de vacunas han demostrado reducir la incidencia y gravedad de la mamitis clínica, pero presentan cierta limitación para resolver por completo los casos de mamitis subclínica crónica. Estas vacunas consiguen reducir los recuentos de células somáticas y bacterias en los grupos de vacas vacunadas, por lo que suponen una buena estrategia protectora para vacas en lactación.
En el caso de S. uberis, que es un causante frecuente de mamitis clínica, el control suele ser difícil, especialmente por la capacidad de la bacteria para escapar la acción del sistema inmunitario y la capacidad de formar biopelículas. El empleo de vacunas de subunidades frente a S. uberis ha demostrado una protección incompleta, pero que ha logrado reducir los signos clínicos y ha mejorado la capacidad de recuperación de la producción de leche, especialmente en cepas homólogas de la bacteria.
El desarrollo de vacunas frente a S. agalactiae y S. dysgalactiae también ha generado especial interés, tanto para la reducción de la incidencia de la mamitis bovina como para el control de infecciones potencialmente zoonóticas.
Una vacuna con gran recorrido es la que cubre E. coli (cepa J5). A pesar de que no evita al 100 % las nuevas infecciones, se ha descrito una buena reducción en la gravedad y duración de los casos de mamitis clínica, lo que contribuye a reducir las pérdidas de leche, los tratamientos y los descartes y muertes de animales.
Prevención de la mamitis bovina con Mastivac
Dado que el desarrollo de la mamitis es multifactorial, la estrategia ideal en la prevención mediante vacunación es incluir un amplio espectro de patógenos que permita ampliar la cobertura de protección.
Mastivac es una vacuna indicada para la inmunización activa y prevención de mamitis clínicas y subclínicas en vacas de leche que estén causadas por Streptococcus agalactiae, Streptococcus dysgalactiae, Streptococcus uberis, Streptococcus pyogenes, Staphylococcusaureus, Arcanobacteriumpyogenes y Escherichia coli, así como para la reducción de signos clínicos en mamitis clínicas causadas por S. dysgalactiae, S. pyogenes, A. pyogenes y E. coli, además de la reducción del recuento de células somáticas en las mamitis subclínicas producidas por la infección por S. agalactiae, S. uberis y S. aureus.
Se administra por vía subcutánea, en cualquier momento del ciclo productivo en el caso de las vacas adultas, y 2 meses antes del primer parto en el caso de las novillas, con una revacunación semestral.
La eficacia de Mastivac se ha descrito en diversos estudios de campo. En un estudio se vacunó un grupo de vacas secas frente a un grupo control que no se vacunó, recogiendo muestras de leche a los 7, 15, 30, 60 y 90 días después del parto. Las vacas vacunadas mostraron menores tasas de mamitis subclínica (3,57-7,14 %) que las vacas sin vacunar (7,41-64,29 %). Otro estudio demostró una reducción en los recuentos de células somáticas (1.567.000 células/ml) en las vacas vacunadas frente al grupo control sin vacunar (2.491.000 células/ml). Los cuarterones mamarios que fueron infectados de forma experimental con S. aureus mostraron recuentos de bacterias superiores a (80.000 ufc/ml) frente a los cuarterones de las vacas vacunadas (26.000 ufc/ml). También se evaluó la eficacia de Mastivac sobre la incidencia y gravedad de los casos de mamitis clínica, duración de los tratamientos, nivel de infección, cultivos bacterianos, recuentos de células somáticas y otros parámetros durante los primeros 90 días de lactación. Los resultados en el grupo vacunado fueron superiores sobre el grupo control que no recibió la vacuna.
Para valorar la eficacia de Mastivac sobre las infecciones provocadas por S. aureus, se vacunó un grupo de vacas lecheras y se midió su título de anticuerpos frente a la bacteria a lo largo del primer mes postparto. Las vacas vacunadas mostraron un título 5,8 veces superior a las no vacunadas. El 50 % de las muestras fueron positivas a S. aureus en el grupo control, frente al 20 % en el grupo vacunado.