
Desde el pasado 3 de octubre, los ganaderos españoles de vacuno suman otra preocupación a su larga lista. Ese día se confirmó la primera detección del virus de la dermatosis nodular contagiosa (DNC) en nuestro país, concretamente en una explotación de recría de novillas en Castelló d’Empúries (Girona).
Desde entonces, fueron localizados 20 focos, todos en la provincia de Girona salvo dos en Huesca -los últimos detectados-, que obligaron a sacrificar 2.600 cabezas de bovino y la puesta en marcha de medidas como la vacunación en un área extendida por comarcas de Girona, Lleida, Huesca, Navarra y Guipúzcoa fronterizas con Francia, donde la enfermedad también se extendió en varios departamentos del sur. Además, el Gobierno español adquirió 1.600.000 dosis de vacuna que puso a disposición de las comunidades autónomas. España y Francia mantienen, asimismo, un protocolo conjunto de autorización de movimientos desde las zonas de vacunación I y II de dermatosis nodular contagiosa basado en los requisitos establecidos en el Reglamento (UE) 2023/361, según informa Animal’s Health.
En el momento de la redacción de este artículo -mediados de marzo-, la situación es de mejora palpable en ambos países. De hecho, a finales de enero, la Comisión Europea y los Estados miembros alcanzaron un acuerdo unánime para levantar parcialmente las restricciones frente a la dermatosis nodular contagiosa (DNC) en determinadas zonas de España (Girona, particularmente) y Francia, tras la mejora de la situación epidemiológica.
No obstante, varias comunidades autónomas mantienen vigentes las medidas de control de la enfermedad, haciendo especial hincapié en la vacunación ante la subida de las temperaturas, que puede favorecer la actividad de los vectores transmisores.
DNC: a qué nos enfrentamos
La dermatosis nodular contagiosa (DNC) (Lumpy skin disease, LSD) es una enfermedad viral del ganado bovino producida por virus de la familia Poxviridae, género Capripoxvirus, y cuyos síntomas más características son fiebre, nódulos en la piel, en membranas mucosas y órganos internos, extenuación, inflamación de los nódulos linfáticos, edema cutáneo y, a veces, muerte, según el ‘Manual práctico de operaciones en la lucha contra la dermatosis nodular contagiosa’ elaborado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. La morbilidad en zonas endémicas oscila entre el 5% y el 85%, y la mortalidad es muy variable.
La aparición de esta enfermedad en una determinada zona causa una gran repercusión no solo sanitaria sino también económica, ya que puede conllevar una importante bajada de la producción, especialmente en vacas de leche, además de daños en la piel que la hacen inservible para su uso industrial, y terceros países pueden llegar prohibir la importación de animales vivos, material de reproducción, carne y otros productos.
En sus inicios, la DNC se encontraba restringida al África subsahariana. Desde ahí se extendió al norte del continente y Oriente Medio, introduciéndose, con el paso del tiempo, en países de la cuenca mediterránea y Asia occidental. Con su entrada en Turquía, la enfermedad llegó a Europa del Este y los Balcanes, afectando a países como Grecia, Bulgaria, Serbia o Albania, que consiguieron controlar y erradicar la enfermedad mediante la vacunación masiva y la aplicación de medidas estrictas de control sanitario, como explican desde el MAPA. Actualmente, la dermatosis se considera endémica en varios países mediterráneos y del Oriente Próximo.
A nivel nacional, se trata de una enfermedad de declaración obligatoria incluida en Real Decreto 779/2023, de 10 de octubre, por el que se establece la comunicación de enfermedades de los animales de declaración obligatoria y se regula su notificación.
Medidas de control y erradicación
Las fatídicas consecuencias de la dermatosis nodular contagiosa en una explotación bovina hacen indispensable extremar la vigilancia. En la actualidad, la política de control y erradicación de la DNC en la Unión Europea está basada, tal y como indica el citado manual, en una combinación de medidas como el inmediato sacrificio de los animales afectados y de aquellos que se hallen en contacto o relacionados epidemiológicamente; movimientos controlados en las áreas declaradas de los animales y de sus productos, deyecciones y todo aquel material relacionado con el manejo de los animales que pudiese estar contaminado para evitar la propagación del virus; estrictas medidas de bioseguridad, desinfección de instalaciones, material y vehículos de transporte que pudiesen estar contaminados; desinsectación de animales, instalaciones y vehículos de transporte; investigación epidemiológica para determinar la fuente de contagio y las vías de difusión de la enfermedad; regionalización, para establecer áreas infectadas y aquellas libres de la enfermedad, con vacunación o sin ella, así como para controlar los movimientos de animales, productos y vehículos que puedan suponer un riesgo para la transmisión de la enfermedad entre las zonas afectadas y las zonas libres; y la vacunación de urgencia en aquellos casos que se requiera debido a la situación epidemiológica, densidad de población, etc. tanto para el control del brote en las zonas afectadas como para la prevención de poblaciones de animales susceptibles en zona libre con riesgo de entrada de la enfermedad.
En los últimos años, la ganadería viene experimentando un aumento exponencial de las llamadas enfermedades emergentes, como la dermatosis nodular, la enfermedad hemorrágica epizoótica (EHE) o la lengua azul. El panorama siempre es el mismo: animales que sufren y ganaderos preocupados que ven cómo pende de un hilo la supervivencia de su explotación.
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