
Lacra recurrente en algunas regiones españolas -Galicia, Andalucía, la zona mediterránea-, los incendios forestales arrasan amplias extensiones de territorio año a año y son una de las mayores y más graves amenazas ambientales a las que deben hacer frente las distintas administraciones.
El fuego quemó 89.068,33 hectáreas en 2023, según datos del Ministerio para la Transición Ecológica y Reto Demográfico (MITECO); una de las cifras más altas de la última década, pero un 67% menor que la del año anterior, cuando ardieron 268.099,03 ha. 2022 fue, con diferencia, el peor año en cuanto a incendios y superficie quemada desde que se tienen registros, superando a 2012 (218.956 ha). Otro dato importante, de Greenpeace: en más de un 96% de los casos de nuestro país, los incendios de causa conocida están ocasionados por el ser humano.
Desde la misma organización ecologista se señala que “el fenómeno de los incendios forestales se ha convertido en uno de los mayores problemas ambientales que sufren nuestros montes debido a la elevada frecuencia e intensidad que ha adquirido en las últimas décadas”. En cuanto a las causas, hablan de un “cóctel” en el que se mezclan el cambio climático -culpable de los paisajes secos que dibujan en nuestros montes las continuas olas de calor haciéndolos más vulnerables al fuego-, la “matorralización” de las masas forestales propias del despoblamiento y del éxodo del medio rural y una gestión urbanística que ha priorizado el establecimiento de viviendas e infraestructuras en zonas de alto riesgo de incendios.
¿Soluciones?
El problema de los incendios forestales es una cuestión compleja cuya solución, o soluciones, deben llegar desde diferentes direcciones. Por un lado, para minimizar el impacto de los daños se trata de concienciar a la sociedad sobre los riesgos del fuego y la necesidad de extremar precauciones.
Por otro lado, adquiere una importancia vital la adopción de adecuadas estrategias preventivas. Un ejemplo sería dirigir planificaciones urbanísticas teniendo en cuenta posibles riesgos de incendio.
Otro seguro de prevención de incendios forestales lo constituye la ganadería extensiva. “El ganado que pasta en extensivo tiene una enorme capacidad de desbroce natural, ecológico y económico, y facilita la conservación del medio. Los habitantes de los pueblos forman el grupo social más afectado por los incendios forestales, pues los fuegos se producen en entornos rurales y destruyen el medio en el que viven y trabajan los agricultores y ganaderos”, señalan desde la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA).
Para WWF, el pastoreo controlado, “por un lado, controla el crecimiento de la vegetación herbácea y arbustiva disminuyendo la cantidad de combustible disponible y, por otro, interviene en la estructura de la vegetación, compartimentando el paisaje para mantener ciertas zonas densas y otras abiertas. Ambos factores son aspectos clave para romper la continuidad de la vegetación y dificultar la propagación del fuego en caso de incendio”.
‘Animales bombero’: la mejor alternativa la ofrece la naturaleza
Así, ovejas, cabras o vacas son etiquetadas de manera popular como ‘animales bombero’, al desempeñar un papel crucial en la reducción del material combustible en áreas propensas a incendios. La ganadería extensiva se convierte de esta manera en una valiosa herramienta de gestión forestal.
El ganado caprino es especialmente eficaz por su capacidad para alimentarse de una amplia variedad de plantas, incluyendo malezas y arbustos, que otras especies ignoran. Según WWF, “es capaz de reducir un matorral con 20-25 toneladas de materia seca por hectárea a 5 toneladas”.
Las vacas, por su parte, pueden consumir grandes cantidades de pasto y otras vegetaciones, limpiando áreas extensas en poco tiempo. Las ovejas, e incluso los caballos, también contribuyen significativamente a la reducción de material inflamable.
Sin embargo, aparte de beneficios relacionados con la prevención antiincendios gracias a su trabajo con la vegetación seca, la cría de este tipo de animales en grandes áreas, donde se desplazan libremente y se alimentan de la vegetación natural, ayuda a ‘diseñar’ paisajes más abiertos y menos densos, dificultando la propagación rápida del fuego, y a controlar especies vegetales invasoras que a menudo son más inflamables.
Sabedoras del peso que el pastoreo o la ganadería extensiva juegan en el medio rural español, las distintas administraciones buscan desde hace años fomentar su práctica a través de diversas líneas de ayuda, ya sea a nivel comunitario, como los proyectos Life o Interreg, o a nivel estatal, donde se considera un sector prioritario en todas las políticas agrarias y muy particularmente en el marco del Plan Estratégico para la aplicación de la Política Agrícola Común (PAC) en España 2023-2027, en la que se cuenta con ecoesquemas específicos en las superficies de pastos e incremento de las ayudas asociadas).
Por su parte, las comunidades autónomas también aportan su grano de arena con planes estratégicos centrados en la ganadería extensiva, e incluso hay municipios que sitúan al pastoreo en un lugar destacado dentro de su agenda.
Pese a todos los beneficios que se han descrito, esta modalidad ganadera se encuentra desde hace años en una situación de vulnerabilidad causada por los reducidos márgenes económicos que permite la propia actividad, la caída de los censos o la falta de relevo generacional en el medio rural, entre otros motivos.
Desde Vetia Animal Health queremos visibilizar nuestro apoyo a todos los profesionales ganaderos de extensivo y agradecer su importante trabajo para que este continúe siendo la mejor solución, natural y sostenible, en cuanto a prevención de incendios forestales en un contexto de aumento de este tipo de catástrofes.